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Pese a que la saga de GT está lejos de ser la predilecta dentro del fandom de Dragon Ball, son numerosos los momentos que marcaron la memoria de los seguidores de uno de los animes más aclamados de las últimas décadas.

El rotundo éxito de sus predecesores, Dragon Ball y Dragon Ball Z, definieron las pautas necesarias para que Toei Animation continuara la historia de los personajes creados por Akira Toriyama, quien concedió el permiso necesario al estudio para proseguir con las aventuras de Gokú y los demás «Guerreros Z».

Cabe resaltar que esta saga no es considerada canon, es decir, no pertenece a la trayectoria original de la historia, puesto que Akira Toriyama no participó en la creación de los eventos acontecidos en Dragon Ball GT, simplemente se limitó a cooperar en ciertas diseños de los personajes. En este sentido, se tiene claro que la adaptación televisiva de Dragon Ball Z se basó en el manga escrito por el japonés, mientras que la serie Super se sitúa 10 años después de la conclusión de la última saga, en 1996.

Sin embargo, uno de los eventos que ocasionaron mayor polémica en la saga fue el final, donde Gokú parte junto con Shen Long a paraderos desconocidos.

Cuando las esferas del dragón se corrompen debido a la energía negativa que surge por su uso excesivo en la necesidad de pedir deseos, los Guerreros Z se ven obligados a combatir a Omega Shenron, quien proviene de la esfera de una estrella.

Después de que Gokú arremete contra Omega Shenron con una Genki-dama de magnitud estratosférica, cae rendido en el suelo y el dragón de las esferas se acerca a él para, al parecer, otorgarle un último deseo. En su despedida, se le puede observar alejarse junto con el guardián de las esferas mientras su cuerpo absorbe los siete artefactos; sin embargo, posteriormente Pan encuentra los restos de su ropa, por lo que la teoría señala que realmente el protagonista de este anime no perdió la vida, sino que fue trasladado al plano de los seres que solo pueden ser convocados por las esferas del dragón, convirtiéndolo así en un guardián de las esferas.