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Por Carlos Barrientos, Vortex

Spider Prod hizo que la noche del 12 de septiembre de 2024 el Club Chocolate en Santiago viviera una nueva jornada de metal progresivo a cargo de los noruegos Circus Maximus y los chilenos Delta, en un concierto que demostró la conexión que existe entre este estilo de música y el público nacional, y que no en vano en algunas ocasiones se ha calificado a Santiago como una de las capitales del progresivo a nivel mundial.

Circus Maximus es una de las bandas noruegas más destacadas dentro del género. Fundada en el año 2000 en Oslo, cuenta con cuatro álbumes de estudio a su haber – “The 1st Chapter” (2005); “Isolate” (2007); “Nine” (2012) y “Havoc” (2016) – y un EP llamado “Isolated Chapters” (2019). El show del pasado jueves fue el segundo en nuestro país, luego de casi exactos 8 años de su anterior visita, cuando se presentaron en Club Blondie el 15 de septiembre de 2016, en promoción de su álbum “Havoc” lanzado ese mismo año.

La banda invitada a compartir escenario con Circus Maximus fueron los chilenos Delta. Fundada en 2003, cuenta con una dilatada trayectoria en la escena nacional y seis álbumes de estudio lanzados, próximos a editar “Gemini” el séptimo en su carrera este 27 de septiembre. Será el segundo con la vocalista Paula Loza, tras “Fears” (2021). La formación de Delta en su presentación en Club Chocolate incluyó a Nicolás Quinteros en teclados (fundador), Marcos Sánchez en bajo, Víctor Quezada en guitarras, Paula Loza en voces, y Guillermo Pereira en batería, como músico invitado en vivo, reemplazando momentáneamente a Andrés Rojas en este show y en el de Buenos Aires el próximo 15 de septiembre. En un setlist de 30 minutos, compacto y directo, Delta interpretó los nuevos singles “Gemini”, “At Last” y “The Tower”, además de “My Addictions” y “Oceans” dos temas de su álbum “Fears”. Ante una sala prácticamente llena, Delta contó con todo el apoyo del público nacional y demostró una vez más que son uno de los estandartes de la escena chilena en el metal progresivo. Consiguieron encender al público con una sólida presentación, y que además se enfocó en su última etapa sin hacer guiños al pasado. Bien por Delta!

Tras un descanso de media hora, se apagaron las luces y los vítores dejaron en claro que el público estaba ansioso de reencontrarse con ellos, y predispuesto a presenciar un espectáculo lleno de virtuosismo, energía y emoción. Con el Opening Titles del Planeta de los Simios como música de fondo, aparecieron uno a uno los músicos de Circus Máximus sobre el escenario, con los hermanos Mats Haugen en guitarra y Truls Haugen en batería, Glen Møllen en bajo, Lasse Finbråten en teclados y Michael Eriksen en voces y frontman de la banda.

El show comenzó con “Forging”, una breve introducción instrumental que rápidamente abrió el camino para la épica “Architect Of Fortune” –perteneciente a su álbum “Nine” –, una de sus composiciones más emblemáticas, a través de secciones suaves y algunos pasajes más pesados. El siguiente tema fue “Sin”, que nos llevó a los primeros años de la banda, cuando las influencias de Symphony X y Dream Theater estaban aún muy presentes en sus composiciones, con una carga pesada, melódica, y cierto aire neoclásico. Luego presenciamos “Havoc” –un tema perteneciente al álbum del mismo nombre– en clave groove, tal vez compuesta para ser single, en un claro contraste con sus trabajos anteriores. Continuaron con “A Darkened Mind” y “Abyss” –ambas pertenecientes a “Isolate”– y que nos devolvieron a los años en que brillaron con gloria. El primero, un tema con un coro muy melódico y cuya estructura recuerda también en parte a Queensrÿche, una de sus influencias más palpables, y el segundo con un desarrollo instrumental y vocal que incorpora ciertos elementos del metal progresivo neoclásico. En esta primera sección del show, Circus Maximus ya nos había hecho un repaso por los cuatro álbumes de su discografía.

Uno de los momentos más destacados de la noche fue “The One” –perteneciente a “Nine”–, donde la emotividad de Michael Eriksen llegó a su punto más alto, cautivando al público con una interpretación intensa y profunda, al igual que con el siguiente tema llamado “Namaste” – perteneciente a “Nine” –, que tiene un característico riff groove a medio tiempo y un coro muy fácil de seguir. Le siguió “Wither” –perteneciente a “Isolate”–, en la que demuestran la habilidad para desarrollar temas épicos dentro del formato de canción tradicional, ofreciendo un balance perfecto entre potencia, melodía y virtuosismo. Es otro tema con marcada influencia Queensrÿche.

Los siguientes temas del concierto nos mostraron el lado más melódico y orientado a los coros de la banda, con “I Am” y “Arrival Of Love”, en un contraste con sus canciones más épicas y progresivas. El primero incluido en su álbum “Nine” y el segundo perteneciente a “Isolate”, nos dieron cuenta de la faceta más cancionera de la banda, y que podrían ser escogidos como singles orientados a un público general y no necesariamente afín con el progresivo.

Hacia el final del show, Circus Maximus generó un momento más íntimo al interpretar la delicada “Chivalry” – incluida en “Havoc” –, y que demostró la calidad de la banda para crear una atmósfera de mayor conexión entre la música y el público. Delicadeza y melodía por partes iguales, convirtieron al Club Chocolate en un espacio cargado de emotividad, a través de una interpretación notable de este tema. “Game Of Life” – de “Nine”– fue la siguiente escogida, con la cual Circus Maximus regresó para mantener el ambiente bien arriba con un tema clásico de su discografía, y que nos llevó otra vez a la faceta más cancionera de la banda.

El cierre perfecto llegó tal como había iniciado, devolviéndonos al lado más épico y progresivo de su repertorio. “Ultimate Sacrifice”, una canción poderosa que resume lo que representa a Circus Maximus en su estilo: técnica, emoción, melodía, y una maestría musical como pocas bandas logran alcanzar. El público, enérgico y agradecido, pidió una canción más, pero la banda se despidió del escenario sabiendo que había llegado al final.

Circus Maximus entregó una actuación impecable, mostrando la química que han construido a lo largo su carrera. El carisma y la voz melódica de Eriksen se destacó durante toda la noche, siempre muy pendiente de interactuar con el público y su teléfono móvil, y una bandera chilena que se asomó desde el público. Mientras que la guitarra de Truls Haugen se debatió entre riffs directos o melódicos, a otros más complejos y llenos de groove, y solos que mantuvieron la atención del público. Por otra parte, la sección rítmica de Glen Møllen y Truls Haugen, fue precisa y contundente, mientras que los teclados de Lasse Finbråten añadieron la atmósfera necesaria para enriquecer el sonido de la banda, aunque adolecieron de volumen un tanto bajo al menos desde donde observamos el show.

Circus Maximus reafirmó en Santiago por qué han sido una de las bandas más aclamadas en la escena del metal progresivo. Su capacidad para combinar precisión técnica con una intensidad emocional marcó el regreso de una banda que se reencontró con el público chileno. Si bien sus años de mayor apogeo estuvieron en el período de sus álbumes “Isolate” (2007) y “Nine” (2012), a la postre los discos a los que dedicaron la mayor parte de su repertorio, lo cierto es que su actuación en vivo demostró que pueden seguir vigentes y su público también espera con ansias escuchar material nuevo. De hecho, la sólida asistencia a Circus Maximus se dio dentro de una semana con otros shows internacionales que podrían apuntar a un mismo tipo de público, como TesseracT, Therion, e incluso Riot V, lo que podría haber mermado la cantidad de fans presentes. Sin embargo fue una noche en que se demostró una vez más el por qué cada tanto se menciona a Chile como uno de los países más fuertes para espectáculos progresivos, no sólo en Sudamérica. De hecho, luego de los festivales CL.Prog 2023 y 2024, se acaba de anunciar la tercera edición consecutiva para marzo 2025, consolidando a Santiago como una plaza destacada a nivel mundial dentro del circuito de festivales dedicados al rock y metal progresivo en distintas vertientes.

Fotos: Francisco Aguilar @franciscoaguilar.ph

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