Una película humana y digna
No es un misterio que el cine argentino ha dado saltos sustanciales en los últimos años, que cada cierto tiempo nos cautive con una de sus apuestas. Pues bien, aquí vuelve a suceder.
Dirigida por Cesc Gay, esta película hispano-argentina cuenta con la, siempre destacada, actuación del tremendo Ricardo Darín quien junto a otros monstruos como Peretti, Francella, Brandoni o Martínez son sinónimo de calidad cuando figuran en los créditos.
La cinta lleva el nombre de un personaje secundario, sin diálogo y con solo un par de miradas que de todas formas marca el punto sencible, cargado a la emocionalidad. Se trata de Truman, el perro y compañero de vida de Julián (Darín), un actor que de pronto se ve enfrentado a cambios irreversibles y que a la vez son la oportunidad de ver la vida de una manera distinta.
Un drama sencillo, honesto, melancólico, profundo acerca del encuentro (el último posiblemente) de dos amigos de infancia que viven ese momento con variados matíces. Soslayando diferencias de pensamientos, formas de enfrentar la vida y la muerte, pero por sobre todas las cosas respetar las decisiones, acertadas o no, pero que al cabo son nuestras decisiones.
Truman es intensa, una que nos hace pensar, reir, llorar y transigir lo que nos toca. Con actuaciones sobresalientes como la del español Javier Cámara (Julio, el amigo) y Dolores Fonzi (Paula) quienes junto a Darín exploran pasajes complejos de la vida con una aproximación sabia y sencible, pero a la vez con toques divertidos. Sin demagogia y bombas lacrimógenas.
Truman nos entrega muchos mensajes, todo depende del espectador, sin embargo el más grande puede encontrarse en el poder de la amistad más allá de lo que podemos dar o recibir, se trata de qué aprendemos el uno del otro. Truman, una que mereces ver, no por nada en el 2015 el Festival de San Sebastián la premió con la Concha de Plata al Mejor actor.
Nota: Pablo Chávez Bastidas



