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La cita fue en la cancha 2 del Estadio Germán Becker, haciendo la previa de fiestas de fin de año
Como bien lo dice el titulo de esta review, la experiencia del viernes 13 de noviembre será algo inolvidable, una jornada que reunió a distintas generaciones que llegaban con un solo objetivo: disfrutar y no obstaculizar el paso de la alegría que se mezclaba con las luces de una noche mágica y de energía desbordante.

El reloj ya superaba las 21 horas y los asistentes seguían llegando en una fila interminable que comenzaba en el acceso a la piscina del estadio (Avda. Pablo Neruda), y terminaba en paralelo a calle Uruguay. Agencia K10 Chile y más de 200 personas materializaban un gran trabajo que dio como resultado una organización impecable, a la altura de un espectáculo de primer nivel.

El primer contacto de la banda con el público fue la imagen de Gerardo ‘Toto’ Rotblat, percusionista fallecido el 2008, y que los acompañó en todo el show, desde el primer rugido con “Manuel Santillán el León” con Flavio Cianciarulo, Fernando Ricciardi, Sergio Rotman, Mario Siperman, Daniel Lozano, Astor Cianciarulo, Florián Fernández Capello y Vicentico haciendo su acto de aparición, este último acompañado de su característico bastón y chaquetón negro.

Fue la estocada inicial que calmaba la ansiedad producida por una leve demora, y qué aplacó la impresión de muchos en la previa, con una llegada deslucida de la banda a La Araucanía…eso quedaba en el olvido, ahora todos éramos cómplices de un mismo ritual. De ahí en más Los Cadillacs no dieron respiro, con una seguidilla de canciones sin break alguno, tocando “Demasiada presión”, “La luz del ritmo”, “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, “Carmela”, “El genio del club”, entre otras. Destacando el manejo de masas que Vicentico posee, dejándolo en evidencia durante “Calaveras y diablitos”.

Cerró una primera mitad “Los condenaditos” con una versión bastante progresiva, que dio chance a la libertad musical de la banda. Luego Vicentico nos regaló una pieza acústica en “Vos sabés” para luego enviarnos nuevamente al mismísimo averno con “V Centenario” y sus buenos golpes de ska/punk por momentos.

Vicentico ya lo había advertido unos minutos antes, “la luna nos acompaña esta noche”, era el momento de cantarle y así ocurrió. “Siguiendo la Luna” nos llevó a un climax cautivador, la canción que nos subió al tren de los años, el que nos llevó por un paseo a la nostalgia antes de devolvernos para el último golpe antes del bis.

“Carnaval” daba paso al momento en que la cacha 2 del Germán Becker explotaba al unísono junto a Flavio Cianciarulo y su declaración de principios a la guerra en ¡¡DIGO NO, DIGO NO, ¡¡DIGO NOO!! la celebre frase de “Mal bicho” (en medio de esta un mensaje al reguetón), y sin tregua nos daban el golpe de gracia con “El satánico Dr. Cadillac”.

Nadie se movía del lugar, esperando el retorno al escenario de los argentinos, lo que ocurrió con las últimas tres canciones clásicas; “Vasos vacíos”, “Matador” con su “No tengo por qué tener miedo, mis palabras son balas, Balas de paz, balas de justicia. Soy la voz de los que hicieron callar sin razón, por el solo hecho de pensar distinto” (que gran estrofa) y “Yo No Me Sentaría En Tu Mesa” y su característico “Oh, oh-oh-oh-oh”.

Canciones que sellaban una noche histórica para los grandes momentos de la música en vivo en la capital de La Araucanía, junto a Soda Stereo en febrero de 1987 o Deep Purple en el 2011.

Fotos: @nachoplop

 

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