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El sueño de todo hippie debió haber sido estar en Nueva York entre el 15 y 19 de agosto de 1969. En esa fecha, en una finca ganadera de Bethel se llevó a cabo el mítico Woodstock Music and Art Fair, conocido simplemente como «Woodstock», el festival más grande de la historia.
A poco más de 100 kilómetros de la ciudad de los rascacielos se realizó este magno evento que reunió a unas 500 mil personas en el público y a músicos como The Who, Jimmi Hendrix, Janis Joplin and the Holding Company, entre la larga lista por todos conocida.

A más de 8 mil kilómetros, Chile no podía quedarse atrás y un año más tarde se realizó en Los Domínicos el festival de Piedra Roja, mil veces más modesto que su par norteamericano, pero con el mismo espíritu. En octubre de 1970 se congregaron allí los principales exponentes de la revolución de las flores de este rincón del globo. Nunca se pudo determinar quiénes actuaron realmente sobre el escenario, aunque los registros cinematográficos dan cuenta de la presencia de Los Jaivas. También estuvieron allí Los Blops, Lágrimas Secas y Aguaturbia. De estos últimos se dice que no alcanzaron a tocar por la irrupción de Carabineros en las últimas horas del show.

A pesar de los apodos, no se puede comparar desde ningún punto de vista lo sucedido en «Woodstock» con lo de Los Domínicos, sería un error y una pretensión absurda hacerlo. Lo que sí no se puede desconocer, es que más allá de lo que llegaba de Estados Unidos, existió un esfuerzo por adaptar el fenómeno hippie a la propia realidad, tener cultores propios y vivir las experiencias, más que ser simples espectadores de lo que sucedía en otros lugares.

Es así como aquí la multitud de fanáticos fue testigo de un evento sin histeria, sin barro, pero con una intención y deseos de hacer las cosas tremenda. La casa es chica, pero el corazón grande, decían sus organizadores.
De allí que, entonces, Piedra Roja sea recordado como uno de los grandes hitos nacionales y valga la pena recordarlo, por más que sea con el tema de una teleserie como excusa.

Piedra Roja es más una leyenda, que una real reunión de bandas de rock. Pero el impacto en los medios fue fulminante al dar cuenta de una subcultura juvenil que comulgaba con la música rock, el amor libre y la marihuana en el contexto de adolescentes de barrios pudientes de la capital de Chile. En un tiempo plagado de jovénes ideologizados por movimientos de izquierda y de derecha, Piedra Roja representó una alternativa disruptiva en la altamente politizada sociedad chilena de 1970. En lo estrictamente musical, la improvisación era tan grande que muy poco de música tuvo el mentado festival.

No hay registros musicales del legendario evento musical, pero el impacto de cientos de jóvenes reunidos creando su propio espacio fuera del establishment, ha perdurado por décadas. Más aún cuando el escritor chileno Enrique Lafourcade en su novela de 1971, Palomita Blanca, utilizó al festival de Piedra Roja como telón de fondo, en el inicio de la relación entre dos adolescentes. Esta historia sería llevada al cine por Raúl Ruiz en 1973, con banda sonora de Los Jaivas, pero debido a la censura durante la dictadura, el film finalmente se exhibió con éxito poco después del retorno de la democracia en 1992, acrecentando.

“Piedra Roja es un mito por el hecho de que se hizo no más, pero ni siquiera me acuerdo qué es lo que tocamos, ni cuánto rato tocamos. Es verdad que tocamos en Piedra Roja y fue un evento que marcó un momento, pero la importancia que tiene es haberlo hecho no más, porque ya ni me acuerdo qué grupos tocaron, ni siquiera me acuerdo lo que nosotros tocamos, yo sé que debemos haber hecho puras improvisaciones porque era ese período”. Claudio Parra, pianista de Los Jaivas