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1. Jim Morrison

Y llegamos al primerísimo primer lugar, el Rey Lagarto “si tú te agachai y yo te parto”, chucha no es así; “yo parto y reparto” ahí si.

Dicen que nació drogado, casi muere antes de nacer porque se estaba enchufando el cordón umbilical como porro divino. Antes de ser rock star fue deportista, practicaba fumboll, frasquetball, formula lsd1, epitación, etc. Siempre andaba más duro que gato de loza, y se las daba de poeta el weón, pero sin dudas fue un gran drogólogo célebre; escribió un libro sobre las drogas, habría sido una revelación en la literatura si no se lo hubiese fumado en una noche  de angustia, y como estaba volado como chancho y hecho pebre tanto chupar no recordaba nada y culpó a Pam de haber prendido fuego con él, y de picao le cocinó el pato en su cumpleaños.

A este le daba la weá y sacaba el cóndor en plenas presentaciones; se lo pasó drogado en toda la película, hasta que se acordó que a los 27 tenía que decir adiós, por la ley rockera celestial, ofrecía droga y copete gratis desde los 27 años hacia arriba, se fue, pero no sin antes pegarse un baño de tina en París.

Sus últimas palabras fueron «Euwachinz winz winz walblop guyuauwmmmmpppffff…».

Fueron las joyas del Rock, un ranking de aquellos en Radio Sonata.