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El 6 de marzo del 2021 la cinta de un casete llegó al final de su recorrido para no volver sonar; fallecía Lou Ottens, ingeniero y director de un equipo de la Philips que desarrolló un invento que revolucionó el mercado de la música entre los 70 y 80´s.

Relacionado a este maravilloso invento, son inevitables los recuerdos, las distintas emociones de la nostalgia, cuando al parecer todo era más sencillo, sin internet y todo el valor agregado que conlleva; las cosas costaba más conseguirlas, por lo cual representaba un valor mucho mayor para quien a costa de empuje lograba obtenerlas. Nosotros aquellos highlander de la música y el rock, que con nada más que un lápiz como espada, un casete como escudo y el poder arrasador de miles de corceles de una radio, enfrentábamos nuestros sueños y frustraciones día a día, así vivíamos “La era de casetes y rock”.

Cuando se dice que costaba conseguir las cosas, y en este caso la música, es porque era así, los recursos no eran muchos, la música cara (una cinta promedio tenía un valor de 9 mil pesos) la única posibilidad era la piratería, moneda que llegaba a nuestras manos iba a parar a alguna librería para conseguir una cinta regrabable o virgen como le llamábamos.

En los grupos de amigos siempre hay alguien que tiene un poco más que otro, por lo tanto tenía acceso a comprar las cintas originales, y el wn tela se encargaba de copiarlas, no sin antes darse el lujo de juntar a todo el perraje para hacer debut de “su casete” en un verdadero ritual que hasta el mismísimo Zeus quisiera bajar del Olimpo para deleitarse con el poder del trueno de Manowar; Led Zeppelin, Metallica y todas las leyendas del metal que formaban parte de estas ceremonias acompañadas de tormentas de cervezas (4 bálticas y un chimbombo de tinto y otras hierbas), evento humilde o simplemente rasca, pero lo pasábamos bien, más felices no se podía ser.

Luego de esto comenzaba el contrabando de casetes piratas, sin dejar de mencionar a aquellos que les entraba el demonio de tanto escuchar Cachureos, y trataban de llevarse como trofeo el casete original, desatando la furia titanesca del dueño. Por momentos se apagaban las luces para que apareciera lo “prestado sin permiso”, sin embargo cuando se encendía era sorprendido el autor del delito con la mano estirada para conseguir un nuevo trofeo de guerra, nuestro amigo doméstico que se robaba hasta el «confort» (papel higiénico).

La música rock en esos años llenaba cada rincón de nuestras vidas, siendo complemento de lo cotidiano, era tanta la felicidad que esta se transmitía a nuestro entorno (en algunos casos). En lo personal, recuerdo a mi madre cuando me trajo un regalo increíble, sin duda es el mejor regalo que he recibido en mi vida (hasta el momento), mis primeros casetes originales. Poison ‘Swallow this life’ y Guns N´Roses ‘Use your illusion II’ además de un minicomponente LA RAJAAAAAAAA!!!!!!, estaba más feliz que paco en protesta con mis regalitos en esos 15 años, me cachiporreaba con todos con los guns y sus himnos hasta que se me fue con radio y todo hasta el fondo de las aguas del Cautín en un paseo en bote  .

Tras lo cual comienzan los tiempos del rec y play, grabando y descubriendo mucho más en el mundo del rock y sus exponentes; verdaderos héroes de nuestra generación, aquellos que nos ofrecía aquella leyenda del dial, ‘Día y Noche’, con el dedo índice preparado cual fusil listo para disparar sobre la tecla rec y comenzar a descartuchar cuanto casete llegaba a nuestras manos. Especiales con locutor y todo; conciertos, singles y hasta comerciales pasaban cagando cuando era víctima del sueño y la radio quedaba grabando, para luego llegar a nuestras reuniones épicas e intercambiar música, peleando por quién escuchaba su música primero, si hasta parecían duelos medievales con lápiz Bic en mano.

Mientras sonaba una cinta el resto rebobinaba con el lápiz dejando las canciones listas para que fueran un verdadero «combo en el hocico» para los que escuchaban, el que sorprendía era el que llegaba con mixes o compilados artesanales dando en el gusto a todos.

Aquellos viejos tiempos, como el título en español de Old School (película) a lo mejor pasamos pellejerías, pero éramos felices, más adelante recorriendo las carreteras, pero a pata con guitarras al hombro…esa es una historia que contaremos otro día, más sabrosa que esta, y como dicen por ahí…»Quien no rebobinó un casete con un lápiz, no tuvo infancia, vida y leyenda”.

PABLO CHÁVEZ BASTIDAS