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El bajista de MEGADETH Dave Ellefson ha recordado su demanda contra el líder del grupo Dave Mustaine en una nueva entrevista con Groove – The No Treble Podcast.

«Creo firmemente que Dave y yo terminamos en esa situación porque no nos estábamos comunicando directamente. Había un nuevo manager, un nuevo abogado, un nuevo equipo de gente, y todos estaban intentando impresionar al cliente, así que estaban en plan ‘solo hacemos lo que el jefe dice que hagamos’. Un momento, tu trabajo es llevar, aconsejar y dirigir a tu cliente, y en mi opinión, evitar los litigios, evitar ese tipo de cosas. Esa gente ya no está, todos se han marchado por suerte, y la mayoría se marcharon cuando Dave y yo tuvimos la oportunidad de reconciliarnos. En cuando Dave y yo nos metimos en una habitación nos preguntamos porque nos peleábamos y cogimos nuestras guitarras, y todo fue sobre música. Así que cuando estamos en ese nivel, todo va bien. Cuando la gente del negocio y los abogados se meten en medio e intentan poner lógica a toda, empiezan los problemas. Siempre he dicho que MEGADETH es completamente ilógico, no hay lógica en absoluto. Y se supone que no tiene que haberla porque es algo que sale del corazón, no es la cabeza, es el corazón. Siempre digo que el viaje más largo son los 40 centímetros que hay de la cabeza al corazón. Memorizar es una cosa, saberlo de corazón es otra. Y como músicos eso es lo que hacemos, no solo lo memorizamos, tenemos que saberlo de verdad, de corazón. Y eso es lo que es una banda, un asentamiento musical alrededor de eso. Supongo que por supuesto tiene que haber ciertas dinámicas de negocio para que funcione, al menos en lo que se refiere a las cuentas. Siempre digo que estoy en MEGADETH porque quiero estar aquí, no porque tenga que estar, no es porque tenga un contrato que me obligue. Si alguna vez se convierte en eso, lo dejo. No quiero hacer música porque tenga que hacerlo, ese es el peor sentimiento del mundo. Y hemos pasado por muchos años de eso cuando los managers recibían avances enormes, y lo siguiente que sabías era que habían cogido su comisión y estaban viviendo en Malibú o donde fuera, y mientras tanto nosotros en el submarino amarillo dejándonos el culo durante 18 meses intentando recuperar los adelantos. Ahí es cuando te das cuenta de que el modelo es erróneo. He hipotecado mi futuro y ahora estoy pagando por ello. Esas son lecciones que aprendes cuando pasas por ello. Y algunas las aprendes en la cima de tu carrera, no en lo más bajo.»